Cuando atravesamos una crisis, podemos sentirnos perdidos o desconectados de nosotros mismos. Esta entrada te muestra cómo reorganizar tu vida paso a paso para volver a elegir tus prioridades y reconectar con tu esencia.
Esta vez quiero compartir algo más personal.
Recuerdo que cuando atravesé mi crisis existencial no fue de un día para otro, sino un cúmulo de pequeños desequilibrios que no supe detener ni gestionar a tiempo. Como suele ocurrir, me di cuenta tarde: cuando ya estaba con el agua al cuello, perdida y sin una visión clara de futuro.
Las áreas más afectadas fueron las relaciones y el trabajo.
Sentía desconexión de las personas con las que solía compartir mi tiempo; algunas se alejaban, otras simplemente ya no vibraban conmigo. Mi manera de ver y vivir la vida había cambiado, y eso me hacía sentir fuera de lugar. En el trabajo tampoco encontraba sentido: no sentía pasión, ni motivación por crecer o mejorar. Estaba mal pagada, sin reconocimiento, y mi estado físico y mental empeoraba día a día.
Coincidió que justo al cumplir los 30, y además en enero, algo se rompió dentro y fuera de mí. Ocurrió algo en la empresa que me obligó a detenerme y replantear mi vida seriamente. Fue entonces cuando tomé la decisión más importante hasta ese momento:
Lo dejé todo… y me elegí.
Elegí ocuparme de mi salud —física, mental y emocional— de manera consciente y activa. Elegí formarme de nuevo, llenar mi mente de nuevos conocimientos y abrirme a otras oportunidades laborales mientras me reconstruía. Y escribí por primera vez la carta de mi nueva “Yo”, marcando objetivos realistas que me ayudaran a recuperar el rumbo. Desde entonces, esa estructura me acompaña cada fin de año, o cada vez que siento que pierdo el foco.
Áreas de vida
- Física: salud, cuerpo, ejercicio, alimentación y descanso.
- Mental: gestión emocional, calma y bienestar interior.
- Crecimiento personal: aprendizaje continuo, reflexión y desarrollo de pensamientos.
- Relaciones: vínculos familiares, amistades, comunidad y relaciones saludables.
- Profesional: trabajo, propósito y desarrollo laboral.
- Económica: gestión del dinero, estabilidad y libertad financiera.
- Espiritual: conexión interior, sentido vital y relación con lo trascendente.
Puede parecer mucho trabajo, pero no todo tiene que tener una meta final. Existen los objetivos de implementación, que consisten en definir qué acción harás y cuándo la harás.
Por ejemplo:
- Cuando sienta ansiedad, controlaré mi respiración.
- Cuando cobre, guardaré un 10% en mi cuenta de ahorros.
También están los objetivos de intención, que se centran más en el cómo quieres sentirte o estar mientras avanzas hacia tu meta. No son tanto sobre la acción concreta, sino sobre la actitud o energía con la que eliges caminar el proceso. Este tipo de objetivos te ayudan a mantener la calma, la coherencia y la conexión contigo misma incluso cuando las circunstancias cambian.
Por ejemplo:
- Quiero mantenerme presente y paciente durante mi proceso de cambio.
- Quiero cuidar de mi bienestar antes de tomar decisiones importantes.
No es necesario abordar todas las áreas a la vez. A veces basta con empezar por una o dos, dando pasos pequeños pero constantes. En mi caso, la prioridad fue mi salud —física y mental—, y desde ahí fui reconstruyendo las demás. Solté relaciones que ya no me sumaban, reforcé las que sí, y con el tiempo mi conexión espiritual se fue profundizando. Empecé a sentirme más en paz, más centrada… más yo.
Herramientas que me ayudaron
No importa qué herramienta elijas, lo esencial es que seas realista.
Busca ese punto medio entre el reto y lo alcanzable: algo que te motive, sin exigirte más de la cuenta.
- Carta de mi nuevo yo
- Escribir nuevos objetivos
- Vision board
- Escritura personal / Journaling
- Ikigai
Una última reflexión
Tus objetivos, tus metas, incluso tu nueva versión, se construyen paso a paso, como una escalera que subes poco a poco. Cada mes, un escalón más. No corras. Disfruta del proceso.
Saborea cada logro, cada avance, y también cada tropiezo… porque incluso de los errores se aprende. Y, sobre todo, recuerda: volver a elegirte siempre será el mayor acto de amor propio.
Si estás pasando por una crisis existencial, recuerda que no estás sola. Este puede ser el momento perfecto para detenerte, escucharte y reconstruirte con amor y consciencia. Utiliza herramientas como el journaling, el Ikigai o la carta de tu nuevo yo para redescubrir tu propósito y volver a elegirte cada día.
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